El último suspiro
Supongo que he llegado ya a esa edad. En donde las primeras voces de la sabiduría y enseñanza comienzan a desvanecerse. Donde las primeras capturas de memoria se diluyen. Donde nuestra mente vive su propio solsticio para dividir el recuerdo con el presente. Nunca nadie me ha sabido explicar a ciencia cierta lo que es la muerte. En gran medida, porque no hay testigo aún de ella. Por lo tanto, la duda la tendré siempre, hasta que llegue por mí. He aprendido que hay distintos tipos de lágrimas. Las de solidaridad que se contagian, para entonces sentir que somos humanos pidiéndole al cuerpo que reaccione de manera normal. Que son distintas a las lágrimas de soledad, donde ordenamos a nuestra fe aferrarse a una esperanza que tal vez llegue o que tal vez nunca aparezca. Tratamos de convencernos que la muerte es la panacea. ¿Pero qué hay del resto? De los que se quedan. La muerte es un ejercicio mental para ensombrecer lo malo que se hizo en vida y relucir lo bueno tras la ausencia...